Cuando naciste y
llorabas a todo pulmón me preguntaba; ¿qué
te pasaba? Te había cambiado el pañal, dado tu leche y frustrada deseaba que
aprendieras a hablar rápido para que me dijeras que era lo que andaba mal.
Aunque me pareció eterno aprendiste a decirme lo que querías y aunque no era a
llantos todo el tiempo siempre demandabas con toda tu atención una vez más todo
eso que deseabas. Me preguntabas tantas cosas en un día, que terminaba exhausta
y me decía que cuando fueras para la escuela tendría la ayuda de tu maestra.
Entre las asignaciones que te daban en el colegio, mis horas de trabajo y las
tareas del hogar terminaba cansada. Aunque nunca dejé de decirte cuanto te
amaba. Siempre trataba de respetar tus pequeñas decisiones, aunque no estuviera
del todo de acuerdo con ellas. Eso de ser madre era una tarea mucho más difícil
de lo que había pensado. Todavía no sabía lo que estaba pensando bien; porque
entonces llegaste a la adolescencia y eras más demandante que de pequeñito. Ahí
fue que supe que cuando bebito era mas fácil
cuidarte. Pero siempre sabía que eso definiría tu carácter y pensé que así
mismo demandarías los cambios para tu vida. Que con mis enseñanzas y la madures
te pulirías mejor. Hoy ya has crecido y eres mayor de edad. La casa está vacía y
ahora contemplo tus fotos. ¡Que falta hace ese bebé en casa! Porque aunque ya
seas un adulto, tú sigues siendo mi bebé. A veces sonrío al mirarlas,
recordando los momentos en que estábamos juntos. Otras veces solo me lleno de
orgullo viendo en el adulto que te has convertido. Algún día tendrás tus hijos
y aunque estés muy agotado siempre recuerda decirles cuanto los amas; pero también
enséñales lo que algún día te dije: Busca la verdadera razón de estar vivo, no
dejes las cosas que quieres para cuando ya no tengas fuerzas y las cosas
materiales no son la función o el significado de la vida.
Quien siempre te ama;
Tú Mamá

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