sábado, 1 de marzo de 2014

Un Nido Vacío


Cuando naciste y llorabas a todo pulmón me preguntaba;  ¿qué te pasaba? Te había cambiado el pañal, dado tu leche y frustrada deseaba que aprendieras a hablar rápido para que me dijeras que era lo que andaba mal. Aunque me pareció eterno aprendiste a decirme lo que querías y aunque no era a llantos todo el tiempo siempre demandabas con toda tu atención una vez más todo eso que deseabas. Me preguntabas tantas cosas en un día, que terminaba exhausta y me decía que cuando fueras para la escuela tendría la ayuda de tu maestra. Entre las asignaciones que te daban en el colegio, mis horas de trabajo y las tareas del hogar terminaba cansada. Aunque nunca dejé de decirte cuanto te amaba. Siempre trataba de respetar tus pequeñas decisiones, aunque no estuviera del todo de acuerdo con ellas. Eso de ser madre era una tarea mucho más difícil de lo que había pensado. Todavía no sabía lo que estaba pensando bien; porque entonces llegaste a la adolescencia y eras más demandante que de pequeñito. Ahí fue que  supe que cuando bebito era mas fácil cuidarte. Pero siempre sabía que eso definiría tu carácter y pensé que así mismo demandarías los cambios para tu vida. Que con mis enseñanzas y la madures te pulirías mejor. Hoy ya has crecido y eres mayor de edad. La casa está vacía y ahora contemplo tus fotos. ¡Que falta hace ese bebé en casa! Porque aunque ya seas un adulto, tú sigues siendo mi bebé. A veces sonrío al mirarlas, recordando los momentos en que estábamos juntos. Otras veces solo me lleno de orgullo viendo en el adulto que te has convertido. Algún día tendrás tus hijos y aunque estés muy agotado siempre recuerda decirles cuanto los amas; pero también enséñales lo que algún día te dije: Busca la verdadera razón de estar vivo, no dejes las cosas que quieres para cuando ya no tengas fuerzas y las cosas materiales no son la función o el significado de la vida.


Quien siempre te ama;
 Tú Mamá


No hay comentarios:

Publicar un comentario