En mi familia se
ha vuelto una costumbre el decir: 'mente,
mente'. Muchos de ustedes se preguntarán que queremos decir nosotros con
eso. Simple; con 'mente, mente'
sencillamente a lo que nos referimos es que si quieres algo (como un deseo) pienses en ello con toda
tu fe y la pasión de tu corazón y al tiempo de hacerlo eso que querías se te va
a lograr. Pues bien; tengo un sinnúmero de cosas que puedo mencionar que al
darles 'mente, mente' las he logrado.
Algunas de ellas la he logrado sin darme cuenta. Como mi viaje a Paris, el
hecho de tener un varón y luego una niña, tantas cosas que puedo mencionar que
solo está en ustedes si las quieren creer o no. Los antes mencionados son
eventos que ocurrieron en mi vida mucho antes de saber esto de 'mente, mente'. Que es nada más y nada
menos que 'creer para ver'. Este
escrito no es para explicarles lo que significa 'mente, mente'. Este artículo es para decirles como llegó San Nicolás
a mi hogar.
Hace ya algún tiempo, diría que algunos tres meses más o
menos, mi pareja y yo estábamos en una tienda que vendían productos electrónicos
mirando sistemas de altavoces para nuestra televisión. Los dos teníamos pensado
que queríamos algo con una buena calidad de sonido. De la variedad de
altavoces, escogimos uno muy bueno y bien adecuado para nuestra sala. Aunque
para serles sincera hubo uno en particular que nos dejo atónitos al escucharlo.
El equipo era espectacular, lógicamente era una magnifica calidad de sonido;
pero el inconveniente era que estaba valorado en varios miles de dólares y no deseábamos
incurrir en ese gasto. Uno; estaba un poco más allá del presupuesto que pensábamos
gastar en un equipo. Dos; no pensábamos endeudarnos para obtenerlo y tres; no íbamos
a agarrar de nuestros ahorros para unas bocinas. Después de contemplarlo por un
rato, soñar y sentir esa exquisita vibración que deja en tu pecho
y en tus oídos el sonido del buen ritmo
de la música; nos miramos y los dos dijimos al unísono 'mente, mente'.
Instalamos el nuevo equipo en nuestro
televisor y estuvimos muy a gusto con los resultados que adquirimos. Veíamos
nuestras películas y escuchábamos música con muy buen sonido. Volvimos a
nuestra rutina y el equipo de ensueño que dejamos atrás en la tienda de electrónicos
quedo en la lista de deseos que enviamos al universo siendo las palabras 'mente, mente' nuestra última mención al
tema. Hace poco fue el 'viernes negro'
aquí en el país en donde vivo. Eso es un día en el que la mayoría de las
tiendas ponen algunos artículos a muy bajos precios. Nosotros ni siquiera
fuimos a ver si el sistema estaba en rebaja. Nos enfocamos en otras cosas. Ya
el sistema que teníamos en la casa cubría nuestras mayores necesidades con
respecto al sonido y el deseoso equipo lo adquiriríamos el día que
verdaderamente fuera correcto adquirirlo.
Estábamos a casi entrar el mes de diciembre. Mi pareja
llega a mí el pasado 30 de noviembre con una caja toda llena de polvo diciéndome;
'Mira lo que me regaló un cliente'. No
me sorprende el hecho de verlo llegar con una caja; pues hay veces que cuando él
hace algunas entregas, le pagan la propina con artículos. Me acerco a la caja y
dentro de ella estaba nada más y nada menos que el sistema de altavoces que algún
día soñamos. Resulta ser que el cliente se había comprado una nueva edición de
altavoces y la edición pasada la tenía en el garaje cogiendo polvo. Al no
encontrar que hacer con el sistema 'viejo' (ante
mis ojos nuevo, únicamente lleno de polvo) se lo da a mi pareja como
propina. En realidad que la basura de algunos son los tesoros de otros. Parecía
yo una nena chiquita al ver lo que contenía la caja. Le di un beso a mi pareja
y le dije; '¡Ha acabado de entrar San Nicolás a nuestra casa y hoy se refleja en la
bondad de un cliente! ¡Feliz Navidad!'
¿Y tú
crees en San Nicolás? Porque
yo sí, ¡solo hay que CREER!
Con Amor;
Sasha