'Mi
amor, ¿tú no entiendes que yo te amo tanto que quiero ser uno contigo?'
'A mí
no me importa más nadie, solo tú.'
'Yo
quiero hacer todo contigo.'
Palabras que pueden ser de amor o de ensueño
para cualquier otra mujer a mi me hacían sentir sofocada, angustiada, con nauseas,
con ganas de salir corriendo, con deseos de volar sin aparecer nunca más. No sabía
que me estaba sucediendo. Me sentía una mala persona, que tenía problemas con
el compromiso, que no sabía amar. Me fui a una esquina de mi mente, como un
boxeador buscando sus minutos de tiempo en un cuadrilátero, para poder
organizar mis sentimientos.
¿Qué te
pasa? - pensé.
Todo esto en vez de hacerme sentir que amaba a
la persona, me angustiaba. Me sentía presa de su amor. Pensé que el problema
era mío. Esa persona me amaba tanto y yo no sabía corresponderle. ¿Porqué me sentía
esclava de esa relación?
Me aparté, di una pausa, me permití ser mala.
Lo que sabía era que no quería seguir sintiéndome así. Me acusó de no amarlo
con la misma intensidad. Sabía que sí lo quería, pero esa intensidad era una cárcel
para mí. Él tenía razón, no era con la misma intensidad.
Con la culpa en mi mente, me fui con el papel
de villana, que ya estoy acostumbrándome a llevar con los hombres cuando no
quiero hacer lo que me quieren imponer, a tratar de ver cuál era el problema
conmigo. ¿En qué era que yo fallaba? Busqué en el inter-net '¿amar o cárcel?' y encontré unos datos muy interesantes
del psicólogo y escritor ítalo-colombiano, Walter Riso. Cada cosa que leía de
sus artículos se aplicaba a mi situación. Me estaban castrando mi
individualidad con la excusa de 'el que
ama lo tiene que entregar TODO.' ¿Quién diablos dijo eso y fue tan tonto
que se lo creyó? El amor que me tenía esa persona era más una adicción, era una
dependencia enfermiza, era querer hacer una mutilación de mi amor propio y
encadenarme a depender de él, de la misma manera que él lo hacía conmigo. Eso
era lo que mi mente no podía aceptar y por eso me sentía tan mal ante lo que
esa persona me quería imponer. ¿Quien dijo que yo no podía tener mi propia
individualidad y actuar libre porque amo a otra persona? Esto no era un amor sano.
Esto castraba mi capacidad, incapacitaba y eliminaba mi criterio, me degradaba y sometía a ser
esclava de unos sentimientos manipulados por un concepto equivocado de la
palabra amor. Esto me deprimía, me generaba
estrés, me asustaba, me cansaba, me desgastaba y finalmente acababa con todo
residuo de mi persona. Yo no podía amar hasta convertirme en la sombra de
alguien. 'Para donde tú vas, yo voy'... Amar no es ser esclavo de
alguien. A mí si me importan más de una sola persona. Yo tengo familia, amigos
e hijos que también son importantes para mí. Yo quiero hacer de mi amor un buen
complemento, no una sola persona. Yo quiero hacer muchas cosas y construir
muchas cosas con la ayuda de esa persona, pero sin dejar de edificar también
para mí. Esto desequilibró de alguna manera la persona segura que era y llego a
bajar mi autoestima.
Les
escribo mi experiencia porque no sé cuantos de ustedes estarán pasando por algo
similar y dejan al igual que yo que otra persona le dé un significado erróneo a
lo que es amar. Es doloroso aceptarlo, entenderlo y despegarse, pues este tipo
de personajes crea un hábito y dependencia en ti con este comportamiento. Pero
si no te comprenden, la solución es simple, tan simple como decir:
'Así
yo no puedo amar, ni pretendo que me amen.'
Adiós
No hay comentarios:
Publicar un comentario