Fui criada por El Abuelo y La Abuela. Estos lo hicieron con mucho amor de padres sin en realidad serlo. Estoy muy agradecida de ellos pues sé que trataron (según su manera de ver la vida) de hacer lo mejor que pudieron por mí. Como hija no tengo quejas de El Abuelo, como mujer puedo entender porque soy como soy. Como hija, El Abuelo que conocí era un padre que siempre trataba de estimular mi celebro con juegos que retaran ó desafiaran mi mente. Nunca me maltrató, pero era un hombre que se dedicaba la mayor parte del tiempo solo a su trabajo. Como mujer mi visión era una totalmente diferente. El Abuelo era un hombre de su palabra y aunque no puedo decir que La Abuela fuera maltratada físicamente, pensaba que toda la carga del hogar y de los hijos era totalmente de la mujer. Que con traer el dinero a la casa sin irse a gastarlo en bebidas, todo estaba hecho. Muy poco halagaba a La Abuela, también podía pararse literalmente frente al refrigerador y hacia a su esposa levantarse del sofá para que le diera un vaso de agua. Cuando pequeña esto nunca lo noté. Ya adolescente, esto alteraba mis nervios. La Abuela, cuando yo era niña, era una mujer muy estricta y alcahueta conmigo. Cuando llegué a mujer, se convirtió en mi mejor amiga. Me pienso que por ser mujer al igual que ella me identifiqué. Probablemente si fuera varón sería tan machista, como El Abuelo, en mi modo de pensar. ¿Por qué menciono todo esto? Porque esto creó mi personalidad. Esta fue la causa y yo soy el efecto.
La Mujer que Soy Hoy
Hoy día soy una mujer que me gusta el hombre con mucha más edad que yo, pues me encanta que estimule mi cerebro. No siempre doy en el clavo con esto, pero la mayor parte del tiempo me hacen descubrir cosas que desconocía. También me gusta el hombre de palabra, pues le pierdo admiración de ser al contrario. Aquí me imagino que viene el dicho que uno busca un "hombre como su papá". Por otra parte, aunque mentalmente me gusta que me desafíen, también me gusta desafiar la mente de mi pareja. Me encanta sacar y descubrir lo mejor de él. Me gusta que lo explote, que llegue a la cumbre cuando descubra todo ese potencial que tiene adentro y desconocía. Detesto, "a nivel de asco", el hombre que me diga lo que tengo que hacer sin darme una razón lógica. ¿Por qué? Esa era la parte que no me gustaba de El Abuelo. Pregunto el porqué de todo. No me gusta el hombre que no tiene halagos y es poco atento. Pienso que las tareas del hogar se comparten y la crianza de los hijos también. El problema aquí es que al hombre (en la mayoría de los casos) le gusta dominar. Yo encuentro este modo un poco arcaico y anticuado, pero esta es la realidad de muchos. En otras ocasiones, si encuentro una persona que tenga más cerebro que tener una guerra de poder conmigo, resulta que al yo explotarle sus cualidades aun no descubiertas, se crecen y al llegar a la "cumbre", según ellos, (pues para mi el límite es el cielo) se suben de tal manera que se convierten en personas tan egocéntricas que termino desilusionándome del "monstruo que creé". Muchas veces quieren venir hasta menospreciar quien una vez los estimuló a crecer, creyéndose "dioses". Termino "mandándolo al infierno" y todo lo que admiré de esa persona resulta que se convierte en resentimiento, porque en ocasiones me detuve yo, por verlos volar a ellos. El hombre por regla general es un ser malagradecido. Yo por mi parte, después de un margen de tratar y errar, estoy obligándome a cambiar el modo en que estimulo a las personas. Primero yo, después mi amorcito. ¿A qué viene todo esto? Solo quiero que te detengas un minuto a pensar... ¿Cuál es tu causa? pero advirtiendo siempre que el efecto, serán tus hijos.
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